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La gabardina: una historia de artesanía

La gabardina atraviesa las décadas sin perder su lugar. Nacida en las trincheras, se ha convertido en la chaqueta de todos los días, esa que coges sin pensar, esa que...

La gabardina atraviesa las décadas sin perder su lugar. Nacida en las trincheras, se ha convertido en la chaqueta de todos los días, esa que coges sin pensar, esa que conservas durante años. En Coulange, la fabricamos a mano, en Francia, con un algodón repelente al agua que protege de la lluvia sin dar nunca la impresión de llevar una prenda técnica.

Nuestra gabardina verde caqui M67 está pensada para el hombre que valora la ropa con historia. El corte es recto, limpio, sin artificios. El algodón repelente al agua tiene ese tacto particular que solo se encuentra en los tejidos de calidad: suave al tacto, estructurado al vestir. Protege de los chubascos ligeros sin dejar de ser transpirable, un compañero de entretiempo que no agobia cuando vuelve el sol. Se lleva abierta sobre una camisa, o cerrada cuando el viento arrecia. El cinturón permite ajustar la silueta según los días y las temperaturas.

El forro es de cupro, una fibra natural derivada del algodón, elegida por su suavidad y su capacidad de acompañar los movimientos del cuerpo. Se desliza sobre una camisa sin enganchar, aísla sin pesar. Es esa clase de detalle que no se ve, pero se siente cada vez que uno se pone la prenda.

El verde caqui es un color de eficacia probada. Combina con unos vaqueros crudos, un pantalón de franela, una camisa blanca o un jersey de cuello vuelto. Ni demasiado llamativo ni demasiado discreto, tiene la seguridad tranquila de una pieza bien pensada. Una gabardina en este tono es la certeza de no equivocarse nunca, sea cual sea la ocasión. Funciona igual de bien en la ciudad que en una escapada de fin de semana, una cualidad que mantiene a la gabardina vigente desde hace más de un siglo.

Fabricar una gabardina a mano lleva su tiempo. Cada costura se cose una a una, cada acabado se revisa. No hay cadena de producción, no hay ritmo impuesto, solo el gesto preciso de un artesano que conoce su oficio. Es esa paciencia la que da a la prenda su caída, su longevidad, esa impresión de que ya es tuya desde el primer día.

No hacemos colecciones cada temporada. Hacemos ropa que perdura, con materiales que envejecen bien. La gabardina M67 es de esas: puesta, gana carácter; lavada, se suaviza; guardada, espera el próximo chaparrón sin perder su forma. Una prenda que atraviesa el tiempo, fiel a quienes la llevan.

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