La chaqueta de cubierta. Un nombre que huele a mar abierto, a espuma, a la cubierta de un barco azotado por el viento. Pocas prendas tienen una historia tan rica, tan profundamente arraigada en la realidad y, sin embargo, la chaqueta náutica sigue siendo una de las piezas del guardarropa masculino que más se pasa por alto. Incorrectamente.
Orígenes: las cubiertas de los buques de guerra
La chaqueta de cubierta, o “vete de quart” en francés, nació en los barcos de la Armada francesa y de la Royal Navy a principios del siglo XX. Los oficiales de guardia (aquellos que mantenían vigilia en cubierta, día y noche, en cualquier clima) necesitaban una prenda digna de su misión: cálida, impermeable y lo suficientemente holgada para permitir movimientos rápidos.
La solución fue una chaqueta cruzada de paño grueso de lana, forrada de algodón o seda, con un cuello de oficial que se podía levantar para proteger el cuello. Los botones eran de cuerno o de metal (nunca de plástico, que aún no existía) y el corte era recto, funcional y sin adornos.
Lo que distingue a la chaqueta de cubierta del clásico chaquetón militar es su versatilidad. No era un uniforme de desfile: era una prenda de trabajo, usada por hombres que pasaban ocho horas seguidas frente al mar, oteando el horizonte.
De la Marina a las calles: apropiación civil
Como muchas prendas militares (la gabardina, el chaquetón, la chaqueta safari), la chaqueta de cubierta fue adoptada por los guardarropas civiles en los años de la posguerra. Los excedentes militares, vendidos a precios bajos, permitieron a toda una generación descubrir esta pieza de carácter único. Estudiantes, artistas y escritores lo usaron por su apariencia indiferente e impecablemente estructurada.
Hoy en día, la chaqueta náutica está experimentando un renovado interés, impulsado por el regreso de las prendas utilitarias y la búsqueda de prendas con alma. No es una chaqueta, no es un chaquetón, no es una gabardina, es otra cosa. En presencia. Una autoridad silenciosa.
Cómo llevar la chaqueta de cubierta hoy
La chaqueta de cubierta se lleva tal y como fue diseñada: sin complicaciones. Sobre un fino jersey de cuello alto, sustituye al abrigo para los días de entretiempo. Sobre una camisa Oxford y mezclilla cruda, brinda una apariencia inmediata sin esfuerzo aparente.
En su versión moderna, acoge el cashmere (para una calidez incomparable) o la gabardina hidrófuga, que se mantiene fiel a su función original a la vez que la aligera. Los tonos azul marino (azul medianoche, negro) siguen siendo los grandes clásicos. Las versiones más claras, en tela de lana beige o gris, aportan un agradable toque de contraste.


