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La gabardina: del campo de batalla al guardarropa de alta gama

La gabardina es una de esas raras piezas cuya historia merece ser contada. Nacido del barro de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, ha atravesado el siglo para convertirse...

La gabardina es una de esas raras piezas cuya historia merece ser contada. Nacido del barro de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, ha atravesado el siglo para convertirse en un imprescindible del armario elegante, usado tanto por hombres como por mujeres.

Su origen se remonta a la década de 1850, cuando Thomas Burberry desarrolló la gabardina, un tejido de algodón denso que era transpirable e impermeable. Pero fue en 1914 cuando la gabardina encontró su verdadero propósito: los oficiales británicos necesitaban un abrigo funcional capaz de resistir los elementos y al mismo tiempo permitir la libertad de movimiento. La pieza fue diseñada con precisión: charreteras para las insignias de rango, anillos en D para sujetar el equipo, una solapa contra tormentas en el pecho, un respiradero trasero para montar a caballo. Cada detalle tenía una función.

Después de la guerra, la gabardina no desapareció. Emigró de los campos de batalla a las pantallas de cine. Humphrey Bogart en Casablanca, Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany's, Alain Delon en El samurái — la trinchera se convirtió en el disfraz de antihéroes magnéticos, espías elegantes, mujeres liberadas. Encarna una forma de indiferencia sofisticada que el cine inmortalizó.

Hoy en día, la gabardina es una piedra angular del guardarropa contemporáneo. Se presenta en algodón, lino y seda, pero es en cachemira donde encuentra su máxima expresión. Una gabardina de cachemir conserva el espíritu práctico del modelo original (protección contra el viento, corte generoso que se ciñe con un solo gesto) y añade una suavidad y nobleza que los oficiales de 1914 nunca habrían imaginado.

Llevar una gabardina hoy es llevar un siglo de historia. Una pieza que ha conocido la guerra y la paz, el rigor militar y la insolencia cinematográfica, la función y la forma. La gabardina nunca pasa de moda porque no cuenta la historia de una época: las cuenta todas.

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