Un abrigo de hombre no es una compra como cualquier otra. Es la prenda que te pones todas las mañanas de octubre a marzo, la que dice quién eres incluso antes de abrir la boca. Una mala elección y te pasas el invierno arrepintiéndote. Una buena elección y tendrás un aliado durante veinte años. Aquí se explica cómo hacer el correcto.
La tela: todo comienza aquí
Un abrigo es, ante todo, un tejido. Y no todos los tejidos son iguales. La lana es el material rey de los abrigos: cálida, transpirable y regula la temperatura de forma natural. Pero no todas las lanas son iguales. La lana merino (18-20 micras) es suave y confortable. La cachemira (14-15 micrones) es más cálida, más ligera, más flexible y más exclusiva.
El peso de la tela se mide en gramos por metro cuadrado. Un abrigo de invierno serio comienza con 600 g/m². Por debajo de eso, tendrás frío. Por encima de los 800 g, entras en territorio de abrigo de invierno intenso: perfecto para inviernos duros, pero demasiado pesado para mitad de temporada.
El forro, que a menudo se pasa por alto, supone la mitad del confort. Un forro de viscosa o seda se desliza sobre la ropa, no genera electricidad estática y prolonga la vida útil del abrigo al reducir la fricción interna. Un forro de poliéster, en cambio, hace sudar y se deforma con el tiempo.
El corte: lo que marca la diferencia
Un abrigo bien cortado no se nota, se siente. Los hombros deben caer exactamente en la articulación del hombro, sin extenderse más allá ni restringirlo. La manga debe llegar hasta la base del pulgar, para cubrir la muñeca incluso cuando extiendes el brazo. El cofre debe permitirle cruzar los brazos sin tirar de la espalda; la facilidad es la marca de un corte dominado.
La longitud depende de su construcción y uso. Un abrigo corto (hasta la mitad del muslo) es más dinámico, más contemporáneo. Un abrigo largo (por debajo de la rodilla) tiene más presencia, más elegancia formal. Para una primera capa, apunta a la mitad del muslo: la más versátil.
El final: donde todo cuenta
Mira los botones. ¿Son genuinos de cuerno, nácar, de metal? ¿O plástico tintado? Los primeros desarrollaron una pátina, los segundos se rompieron. Fíjate en los ojales: ¿están cosidos a mano, con puntadas regulares y tupidas? Un ojal cosido a mano representa una hora de trabajo. Un ojal a máquina dura treinta segundos.
Mira dentro del cuello. ¿Hay alguna pieza de refuerzo de fieltro o cuero? Ésa es la señal de que el abrigo está diseñado para usarse, no para venderse. En Coulange, cada abrigo se ensambla a mano, con estos acabados que pasan desapercibidos pero que marcan la diferencia, y están garantizados de por vida.


